Autor: dr.alvaro.mendoza@outlook.com
En economías desarrolladas, las elecciones son eventos políticos con impacto económico moderado.
En economías emergentes institucionalmente volátiles, las elecciones son eventos económicos con manifestaciones políticas.
El Perú pertenece claramente al segundo grupo.
El año 2026 no será simplemente un periodo de cambio de gobierno. Será un punto de inflexión en las decisiones de inversión, consumo y riesgo país. No porque el resultado determine el rumbo económico inmediato, sino porque la incertidumbre altera el comportamiento de todos los agentes antes de conocerse el resultado.
La economía peruana no se desacelera en años electorales por ideología. Se desacelera por espera.
1. La lógica económica de un año electoral
Existe un fenómeno ampliamente documentado en economía política: el ciclo económico electoral. Este describe cómo hogares, empresas e inversionistas modifican decisiones ante la probabilidad de cambio institucional.
El efecto no es uniforme.
Opera en tres tiempos:
Antes de la elección: cautela
Durante el proceso: volatilidad
Después del resultado: liberación de decisiones retenidas
El Perú ha mostrado este patrón repetidamente. El crecimiento no depende tanto de quién gane, sino de cuánto tiempo el mercado permanece sin certezas.
El capital no huye necesariamente; se detiene.
2. Inversión privada: el principal termómetro
El crecimiento peruano históricamente ha dependido de la inversión privada más que del gasto público. Según el Banco Central de Reserva del Perú, en ciclos recientes la formación bruta de capital explica la mayor parte de la variabilidad del PBI.
En un contexto electoral, la inversión no desaparece: se posterga.
El empresario enfrenta una decisión asimétrica:
invertir antes puede implicar quedar expuesto a cambios regulatorios; esperar implica perder oportunidad, pero reduce riesgo irreversible.
La mayoría opta por esperar.
Este fenómeno genera una desaceleración transitoria pero perceptible: proyectos aprobados no ejecutados, expansión comercial detenida y contratación laboral conservadora.
3. Consumo: resiliente pero prudente
A diferencia de la inversión, el consumo no suele colapsar. El gasto de los hogares responde más al ingreso corriente que a expectativas políticas de largo plazo. Sin embargo, sí cambia su composición.
En contextos de incertidumbre aumentan:
- ahorro precautorio
- compras esenciales
- preferencia por liquidez
y disminuyen decisiones irreversibles como vivienda, vehículos o emprendimientos de alto capital inicial.
El comercio no cae necesariamente, pero rota hacia categorías defensivas.
4. El rol del Estado: gasto que estabiliza, pero no acelera
Los gobiernos suelen incrementar ejecución presupuestal en periodos electorales subnacionales o previos al cierre de gestión. Sin embargo, en el Perú este impulso raramente compensa la pausa privada.
La razón es estructural: la inversión pública tiene menor efecto multiplicador inmediato que la privada en sectores productivos.
Por ello el crecimiento en años electorales suele ubicarse cerca del potencial mínimo de la economía, no en recesión, pero tampoco en expansión.
5. El factor determinante: el tiempo de incertidumbre
La variable crítica no es la elección en sí, sino su duración efectiva. Cuanto más prolongado sea el periodo de indefinición política, mayor será el impacto económico.
No es el resultado el que reactiva la economía, sino el cierre de la incertidumbre.
Una vez definido el escenario, incluso sin cambios estructurales profundos, la inversión tiende a normalizarse por simple necesidad operativa acumulada.
En otras palabras: la economía peruana no requiere optimismo para crecer; requiere previsibilidad mínima.
6. Qué pueden esperar las empresas en 2026
Para el sector empresarial, el año electoral no es un año de crisis, sino de gestión táctica. Las decisiones estratégicas de largo plazo se posponen, pero las decisiones operativas cobran mayor importancia.
Las organizaciones más exitosas en este periodo suelen adoptar tres comportamientos:
primero, priorizan liquidez sobre expansión;
segundo, optimizan eficiencia interna;
tercero, preparan proyectos para ejecutarlos inmediatamente después de definirse el escenario político.
No es un periodo para detenerse, sino para prepararse.
7. El verdadero riesgo económico
El mayor riesgo no es un resultado específico, sino la prolongación de la incertidumbre institucional posterior a la elección. La experiencia reciente del país muestra que los mercados reaccionan más a la estabilidad del marco de decisión que al signo ideológico del gobierno.
La inversión tolera políticas diversas; lo que no tolera es la imposibilidad de anticiparlas.
Conclusión
El 2026 probablemente no será un año de colapso económico ni de crecimiento acelerado. Será un año de compresión de decisiones.
La economía peruana funciona como un resorte: durante la incertidumbre acumula tensión; cuando esta se resuelve, libera actividad.
Por ello, el desempeño anual dirá menos sobre la salud estructural del país que sobre la duración del proceso político.
El crecimiento no depende únicamente de la política económica aplicada, sino del momento en que los agentes económicos vuelven a sentirse capaces de decidir.
En el Perú, más que confianza ideológica, la inversión necesita certeza temporal.
Fuentes y referencias
- Banco Central de Reserva del Perú (BCRP). Reporte de Inflación y series históricas de inversión privada.
- Ministerio de Economía y Finanzas (MEF). Marco Macroeconómico Multianual.
- Fondo Monetario Internacional (IMF). World Economic Outlook — proyecciones Perú.
- Banco Mundial. Global Economic Prospects.
- Nordhaus, W. (1975). The Political Business Cycle. Review of Economic Studies.
- Drazen, A. (2000). Political Economy in Macroeconomics. Princeton University Press.
- OECD. Economic Outlook for Latin America.
- Jaramillo & Sancak (2017). Why does private investment react to political uncertainty? IMF Working Paper.






